lunes, 4 de mayo de 2009

Trabajo Práctico Nº 1

La naturaleza del Medio

El medio radiofónico es un medio de comunicación que se expresa a través de la oralidad. Es uno de los medios con mayor alcance y penetración en la sociedad.
Es un instrumento para comunicar, por esto es muy importante saber de que forma se debe trasmitir para que el oyente escuche y entienda.
La radio impone ciertas reglas de juego e influye sobre el mensaje, y obliga a adecuarlo a sus características.


Se podría entender que la radio es una técnica y un arte porque: por un lado para hacer radio se necesitan conocer un conjunto de procedimientos y características específicas del medio; y por el otro implica habilidades, destrezas, imaginación y creatividad.


Las ventajas que menciona Kaplún en su texto son: amplia difusión popular; simultaneidad (refiere a la posibilidad de llegar a muchas personas al mismo tiempo); instantaneidad (sugiere que el mensaje radiofónico llega al oyente en el mismo momento en que se emite y se distribuye, sin necesidad de que intervenga ningún agente mediador); largo alcance (una emisora de radio de onda media, de buena potencia, puede cubrir un extendido ámbito); bajo costo per cápita (a diferencia de otros medios de difusión colectiva, la radio es el de menor costo); acceso directo a los hogares de los destinatarios (el mensaje radiodifundido llega al domicilio de cada usuario, sin que éste tenga que trasladarse para recepcionarlo).


Limitaciones de la radio
Unisensorialidad: Debido a que la radio sólo emite sonidos, se vale de un único sentido, el oído, al cual se encuentra limitada. Esta unisensorialidad tiene consecuencias importantes que la limitan: 1) Peligro de fatiga: al estar centrada en un solo sentido y contar con una única fuente de estímulos (el sonido), la emisión radiofónica puede provocar la monotonía. 2) Peligro de distracción: al quedar la vista “sin alimentar”, los oyentes de radio deben concentrarse más para prestar atención a ese mensaje que sólo les llega por el oído; pero la capacidad humana de concentración tiene sus límites y puede producir en el auditorio distracción sensorial, sobre todo visual. Un ejemplo de ello puede ser la transmisión radial de una conferencia de prensa, sin editar.

Ausencia del interlocutor: Esta limitación es común a todos los medios masivos de comunicación. El interlocutor está del otro lado del receptor, no puede intervenir. No se reproduce una relación interpersonal directa. El comunicador no puede percibir la reacción de los oyentes; los radioescuchas, a su vez, no pueden hacer ninguna pregunta ni pedir que se repita alguna frase, ni controlar la velocidad de la exposición. Como consecuencias de esta limitación se plantea el problema de una comunicación unidireccional, en una sola dirección (el emisor se dirige al perceptor sin dejarle posibilidad de reciprocidad); esto lleva a otra cuestión, la situación de dependencia (el oyente depende únicamente del emisor). Dicha circunstancia puede ocasionar en el auditorio una oposición creciente hacia el mensaje y hacia el propio comunicador. Para ejemplificar esta restricción puede referirse al hecho de que, en un programa de radio, se haga uso de términos confusos y complejos provocando en el oyente distracción y una posterior oposición a la programación.

Fugacidad: el mensaje radiofónico es efímero, se inscribe en el tiempo. No es posible al perceptor volver atrás y releer lo que no logró aprehender, como sucede en el mensaje escrito. El oyente se “desconecta” porque no puede seguir el resto de la exposición. Esto impone la necesidad de ser reiterativos por radio, de repetir e insistir. Así, el mensaje radiofónico está sujeto a la “ley de la redundancia”. Pero esta exigencia apareja dos consecuencias: la limitación de la información y el peligro de monotonía. La emisión de flashes informativos cada media hora en algunas radiodifusoras son ejemplos de la necesidad de reiterar para que, quienes escuchan radio, no se despeguen de ella por haber perdido parte de lo enunciado.

Auditorio condicionado: En una primera instancia podría enunciarse así: la gente está acostumbrada a oír radio más que a escuchar radio. Esto depende del nivel de atención y concentración ante el mensaje radiofónico. Los destinatarios de dicho mensaje oyen radio no sólo para formarse, sino también para informarse y sobre todo para entretenerse. Dentro de los factores que han contribuido a esta tendencia a la facilidad y al menor esfuerzo se encuentran: la transmisión de radio llega en cualquier momento hasta donde uno está con sólo accionar una perilla; con los modernos aparatos portátiles, la radio va con uno a cualquier parte; con una total facilidad y en un instante, si lo que se escucha no interesa o no gusta, se gira la perilla del dial y se cambia de estación; la radio es gratis. Así, el radioyente se ha acostumbrado a oír no sólo para pensar, sino para distraerse. Las consecuencias de esta limitación hacen referencia a la atención superficial del oyente, su inconstancia y limitada receptividad a los mensajes de cambio. A modo de ejemplo: un ama de casa, mientras realiza los quehaceres de su hogar, escucha radio para distraerse, entretenerse y, en algún punto, también para informarse.

La radio condiciona el mensaje tanto negativa como positivamente, ofreciendo posibilidades de realizar una tarea efectiva, siempre que éstas sean conocidas y empleadas correctamente por el comunicador.


Las posibilidades de la radio mencionadas por Kaplún son:

Poder de sugestión: la eficacia del mensaje radiofónico depende en gran medida de la riqueza sugestiva de la emisión, de su capacidad de sugerir, de estimular la imaginación del oyente con una variada propuesta de imágenes auditivas. Hacer ver a través de los oídos. Por ejemplo: si decimos que “una hora antes que el sol glorioso se asomase por los balcones del oriente, fue cuando, inquieto, salí a pasear al campo rodeado de mariposas saltarinas que todo el camino me acompañaron”. Escuchando esto, el oyente si se remonta a lo descrito, atenderá el mensaje, lo retendrá y lo asimilará aunque le llegue a través de un solo sentido.

Comunicación afectiva: la auténtica comunicación radiofónica debe tener un componente afectivo, debe movilizar no sólo el estrato pensante del perceptor sino también su estrato emocional. Si digo “Un cuarto sombrío, sólo acompañado por el resplandor de unas velas que atinaban a iluminar el rostro entristecido de una niña que lloraba alrededor de un féretro al cuerpo ya adormecido de su madre”, este relato puede producir en el oyente diferentes emociones, ya sea pena, tristeza o dolor.

Empatía: es en base a la empatía, a nuestra capacidad de asumir la situación y el universo mental de nuestro destinatario, como éste, sintiéndose reflejado y comprendido, podrá superar la sensación negativa de unidireccionalidad. Cuando encontramos a alguien con el que nos entendemos bien, decimos que sintonizamos, y así también pasa en la radio. Por ejemplo un sacerdote que tenía un espacio radial en el que daba su comentario respecto de lo sucedido en la semana, tenía presente, según decía, a los practicantes que iban a su iglesia, y hablaba para ellos, se preguntaba si entenderían lo que él decía o trataba de explicar y procuraba decir las cosas de manera que sean comprendidas por ellos y llegarles.

Relación de identificación: el público se identifica con determinados locutores, artistas, personajes o programas de radio, y establece con ellos una relación afectiva que hace que concentre su atención en lo que escucha. Por ejemplo los diferentes estilos radiofónicos a los que se identifican las personas de diferentes edades, cada uno tiene su gusto y preferencia. Las amas de casa, por lo general, mientras realizan los quehaceres del hogar, escuchan programas informativos. Los jóvenes buscan programas en donde predomine la música y el entretenimiento. Así cada uno se identifica con un estilo de programa.


Los formatos estáticos son modelos de radio esterotipados y rutinarios; la mayoría de las emisiones consisten en la mera lectura de un texto no adaptado al medio, conocido como monólogo o charla expositiva, es la forma más fácil de “hacer radio” pero sin lugar a duda la más aburrida, porque es difícil mantener la atención e interés del radioescucha, da poco espacio a la imaginación tornándose una comunicación impersonal; la reiteración de conceptos se torna “pesada”, y la música queda reducida a cumplir la función de pausa entre textos. Por todo esto la charla expositiva es la forma menos recomendada en comunicación radiofónica.


Los formatos dinámicos son: el diálogo, el radiodrama o comúnmente conocido como radioteatro, se caracterizan por se nobles medios de expresión.
Son los modos más eficientes para hacer uso del atributo del medio radiofónico: la sugestión, el poder de echar a volar la imaginación del oyente.
El diálogo es más atractivo que el discurso, porque sugiere, provocando la activando de la imaginación del que escucha, evitando así dar lugar a la distracción.
Utiliza la música, y los efectos de sonido, para hacer más expresivo el mensaje, generando una comunicación cálida y personal, que llega a la esfera emocional y afectiva.
En los diálogos es más fácil reiterar los conceptos sin caer en la monotonía.

Siempre se debe tener en cuenta que todo mensaje, debe ser “traducido”, re-elaborado y puesto en lenguaje radiofónico para que realmente funcione en el medio.

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